lunes, 13 de julio de 2015

LAS JOYAS DE LA ABUELA




LAS JOYAS DE LA ABUELA


Hablar hace unos años de recuperar servicios externalizados en la Administración Pública era estar obsoleto o emplear un lenguaje retrógrado en una España que vivía emocionada creando empresas al amparo del erario público.

Una de las consecuencias de la crisis económica y ética -que dicen estamos logrando sobrepasar- es que cada vez son más los que empiezan a dudar de esos servicios ahora fraccionados, que funcionan con criterios diferentes según el lugar en el que nos encontremos y en los que su personal está más pendiente de identificado con el fin de la empresa que con el propio deber público.

En algunos casos en los que, además, se trata de gestión de servicios, aportan y venden un balance positivo para la empresa, pero una sangría constante al presupuesto público pues, por poco que se haga, se cobra y se suben las tasas de servicios básicos. Y si no hay necesidad, se inventa, se proyecta, se subcontrata y se ejecuta para cobrarlo, llamando “inversión” a lo que es “gasto”.

Los especialistas en economía administrativa coinciden en que las privatizaciones de servicios son necesarias en donde no sea rentable mantenerlos la Administración. Eso tan sencillo, aún no parece haberse entendido, o se malinterpreta. Pero la tendencia actual en Europa es dotar de medios suficientes los servicios públicos básicos e importantes, no de regalarlos a empresas adjudicatarias, en las que prima el beneficio económico sobre cualquier interés público. Planteémonos la siguiente pregunta: ¿Invierten las empresas adjudicatarias los ingentes beneficios que obtiene en la mejora de las infraestructuras de los servicios públicos que gestionan?

La gestión directa de los servicios públicos por parte de la entidad pública que tenga asignada la competencia de prestarlos permite, sin ninguna duda, una mayor participación del ciudadano en su misma gestión y su control, en la medida en que dichos servicios básicos son un derecho que el ciudadano ostenta y no una actividad mercantilista despojada de toda sensibilidad social.

Hoy ya oímos términos olvidados como la recuperación de los servicios externalizados. Sin ir más allá de los Pirineos, en municipios españoles como lo es Cambrils, con 33.000 habitantes, se habla de un ahorro mínimo entorno a los 260.000 € anuales. Está claro que no todo es extrapolable y que las cifras dependen de multitud de factores. Pero lo cierto es que en determinados servicios básicos en los que se depende fundamentalmente de mano de obra, el ahorro mínimo puede ser la suma del IVA y del montante Gastos Generales más Beneficio Industrial.

Piscinas municipales, recogida de basuras y limpieza viaria, alumbrado público, semáforos, parques y jardines, empresas de seguridad que prestan servicios en centros oficiales, etcétera. Estos y bastantes más servicios se encuentran en la actualidad en manos de empresas privadas (la famosa “externalización”) que, unida a la duplicidad por división administrativa (la famosa “descentralización”) han hecho inútiles y desiguales muchos servicios, al no desarrollarlos bien por no poder hacerse cargo de la explotación en los términos en los que se comprometieron en su momento mediante concurso o por tratar de manera diferente a los contribuyentes según el lugar en el que se esté empadronado. Como dijo Sancho a Don Quijote “hay tanto que trasquilar en las dueñas, según mi barbero, cuanto será mejor no menear el arroz aunque se pegue”.

De la Europa de los mercaderes está naciendo la de los ciudadanos, convenciéndose ahora del deber de recuperar la gestión directa de los servicios. Así lo avalan estudios realizados por prestigiosas universidades como la de Greenwich. Concretamente en este informe se precisa que la municipalización del agua se está realizando ya en muchos municipios, especialmente en naciones como Francia y Hungría. Y las razones, respaldadas por expertos (y también por políticos) son las siguientes: Poco control o inexistente por parte de la administración sobre la empresa adjudicataria, mala gestión por parte de la empresa, costes elevados, riesgo de expiración de los contratos.

En Alemania el caso más conocido es el del mantenimiento eléctrico y de alumbrado público. Precisamente por similares razones a las expuestas anteriormente.

El servicio recuperado en Gran Bretaña -y también en Francia- es el transporte público, fundamentalmente porque se estaban dejando de prestar servicios.

En cuanto a la gestión de los residuos en los municipios, son también Alemania y Francia los países que lideran la recuperación de estos. Una de las justificaciones es la implantación de servicios de incineración intermunicipales. Además de mejorar la gestión en limpieza, una de las razones esgrimidas en el Reino Unido y Alemania para recuperar la gestión es la creación de empleo (eso que todos dicen es cosa trascendental en la Europa del sur en la que nos encontramos). Un empleo de calidad, digno y destinado a la prestación eficiente y directa de los servicios públicos, que permita defender y garantizar el carácter imparcial de lo público.

Así pues, entiendo que éste puede ser un momento estupendo para recuperar las joyas de la abuela que un día empeñamos y que, con tanto esfuerzo fue pagando mes a mes al joyero del barrio. Recuperar las joyas de la abuela es una obligación de toda la familia que formamos la Administración Pública española y que nos sentimos muy orgullosos de ser servidores públicos, aunque durante los últimos años hayan contaminado nuestro trabajo con campañas en contra de los trabajadores públicos y funcionarios.

Eso sí, todos tenemos nuestra parte de culpa como hijos malcriados y herederos despilfarradores. Ahora bien, este puede ser el momento que todos esperábamos para recuperar nuestro orgullo y disfrutar con estilo de las joyas que nuestros antecesores forjaron con sudor. Con el mismo que Audrey Hepburn en Desayuno con diamantes. Una joya se la puede poner cualquiera, pero vestirla con aprecio de saber lo que se lleva y con estilo, ya es otra cosa.


Antonio Lacosta.

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